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viernes, 13 de abril de 2007

GAYS Vs. PENETRACIÓN

El ser gay no tiene que ver con el gusto o disgusto por ser penetrado. Nos han llegado varias preguntas de lectores que no entienden el porqué, a pesar de su gusto por lo hombres, no se sienten erotizados con ser penetrados.
La penetración anal como tal, es solamente una conducta de las muchas que existen en los encuentros eróticos. Pero al parecer todavía existe un número elevado de individuos que le dan más importancia de la que tiene. Tenemos que recordar que el erotismo es una dimensión que se va formando y aprendiendo con el paso de los años, y no todas las personas nos erotizamos con las mismas situaciones o comportamientos. Habrá quien logre una excitación siendo activo y quien lo logre siendo pasivo. Inclusive hay personas que no se erotizan con ninguno de los dos comportamientos, y prefieren otras conductas que no tengan nada que ver con la penetración.
Además es importante saber, que la penetración anal no es exclusiva de los gays, también existen heterosexuales, hombres y mujeres, que experimentan los placeres de la penetración anal y eso no pone en duda su orientación sexual.
Por ejemplo, un hombre heterosexual perfectamente puede erotizarse al ser penetrado, pero en su mente siempre va a estar la esencia femenina, y nunca se excitará pensando en un hombre o en un pene dentro de su ano.
La erotización por ser penetrado no es algo que se adquiera de un día para otro. Es todo un proceso mental que inicia desde las edades infantiles. Tiene que ver desde la percepción del concepto “Ano” y todas las relaciones que se hagan con él. Es un factor meramente psicológico, que se va consolidando con el paso del tiempo. No todas las personas conciben al ano de la misma manera. Habrá quienes lo perciban como una zona extremadamente erótica y quienes piensen que es un área sucia y poco sensual.
Entonces, para las personas gays que piensen que la penetración es algo que forzosamente tiene que pasar, les aconsejo se tranquilicen y empiecen a darle rienda suelta a la creatividad sexual. Hay un sin fin de expresiones y conductas que pueden hacer de los encuentros eróticos las experiencias más divertidas y confortantes. Valdría la pena recordar y tomar en cuenta cuales son tus preferencias y zonas eróticas, y explotarlas. Y si la penetración no es algo que te satisfaga, lo más óptimo sería descubrir de qué manera disfrutar tu sexualidad de manera positiva y responsable.
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miércoles, 11 de abril de 2007

LA DIFERENCIA ERÓTICA ENTRE LAS MUJERES Y LOS HOMBRES

Tener una satisfacción sexual es algo que difícilmente se obtenga sin ningún esfuerzo o aprendizaje, así, desde la infancia aprendemos individualmente cuáles son las sensaciones que nos parecen placenteras o no placenteras. Así, en el transcurso de la vida, por medio de juegos sexuales infantiles o en el descubrimiento de la masturbación es como vamos conociendo las sensaciones de nuestro cuerpo. Ahora bien, ¿Qué se hace para compartir estas sensaciones con una pareja sexual que no es de mi mismo sexo? ¿Cómo se si la persona que elegí como pareja tiene las mismas sensaciones que yo? ¿Le esta gustando lo que le hago o me gusta lo que me hace?.

Los hombres y las mujeres son distintos en muchos aspectos, y las sensaciones corporales no es la excepción. Una mujer, durante su vida es tratada y educada con un tinte más sentimental, reciben más caricias, un trato menos rudo y se les enseña una forma de amar muy continua y exclusiva.

La educación del hombre es diferente. Recibe una educación con fines más productivos, menos dóciles, las caricias son mas limitadas y experimentan el aprendizaje en un ambiente y una cultura en donde curiosamente una parte de su cuerpo gana un lugar muy importante: su pene.

Es de crucial importancia entender esto. Los hombres y las mujeres sexualmente no somos iguales. Una mujer puede pasar mucho tiempo en el juego de las caricias, mucho tiempo más del que la paciencia de un hombre por tener sexo pueda soportar. Nada tiene que ver con la realidad que estas actitudes sean con el fin de satisfacer a la pareja. Hablamos de sensaciones propias. Y puedo decir que es lógico que los comportamientos sean así. Tampoco debemos pensar que nuestra pareja es como es para molestarnos o para no satisfacernos. Por eso repito, es muy importante entender que entre sexos tenemos mucho que aprender del opuesto y nunca esperar que las sensaciones del otro sean iguales las propias.

No es raro encontrar testimonios de personas que hablan de su experiencia sexual, y oír a las mujeres decir que el hombre lo único que quiere es penetrar, que las caricias son muy toscas y de poca duración, que llegan a lastimar el clítoris (cuando lo encuentran) y los pezones, que ellas quisieran mas juego de masajes, besos, caricias, cuando el hombre ya esta montado en ella. A diferencia de los hombres, que es más común escuchar a cerca del físico de la pareja, de su duración en el coito, del tamaño de su pene y menos frecuente a cerca de las caricias y los besos.

Esta serie de diferencias entre ambos sexos son causa de múltiples problemas en la relación de parejas sexuales, donde la vida sexual no es completamente satisfactoria. Pero podemos decir a ciencia cierta que con un poco de conocimiento e imaginación, estos “obstáculos” pueden desaparecer y gozar de una plena y saludable vida sexual.

Iniciamos esta serie de consejos relacionados con una mejor calidad de vida sexual propia y en pareja, con un grupo de elementos cruciales que deben tomarse en cuenta para disfrutar del placer del sexo.

LO QUE ESTÁ PRESENTE: EL MATERIAL.

EL HOMBRE

Muy frecuentemente los hombres desean que la sexualidad femenina sea igual a la de ellos. Pero no es así.

El hombre es enérgico y automático. Responde fácilmente a ciertas cosas de la vida. Y por ende, la mujer y su cuerpo son estímulos sexuales automáticos para él, y esto puede hacer que ella se sienta como un objeto. Pero el objetivo del hombre no es ese.

Los vestidos, los pechos, el olor femenino, las piernas, etc. Simplemente son las cosas que el hombre necesita para excitarse y poner su sexualidad en marcha. Por eso es tan fácil para ellos excitarse. Generalmente es difícil que una mujer lo comprenda.

La mayor parte de la sensibilidad masculina, aunque no toda, esta aproximadamente en los tres últimos centímetros del pene. Si la mujer es inteligente, puede enseñar a gozar ese tipo de sensibilidad femenina que veremos mas adelante, la cual no excluye ni un milímetro de la piel del cuerpo.

La sexualidad del hombre depende de un factor concluyente. Para que esta funcione se tiene que excitar hasta la erección, y además, mantenerla. Esto tiene una importancia muy considerable en el hombre tanto a nivel biológico como personal y social.

Por lo anterior, se puede explicar porqué la sexualidad masculina se centra con tanta insistencia en el pene, y de ahí, la tendencia a inicial el juego sexual de manera más rápida y seguramente antes de que la mujer esté preparada para ello.

Los hombres en determinadas ocasiones desean ser tratados como ellos tratan a las mujeres en la práctica sexual. Por lo que ellos esperan también a la hora de hacer el amor una intuición de parte de la mujer de las reacciones de tales objetos y una franca iniciativa.

Para el hombre es excitante empezar con los juegos acariciando su pene, besando genitales antes de que el lo pida, viendo a la mujer como iniciadora del acto sexual y que haga uso de su equipo estimulatorio.

Las exigencias femeninas, dan al hombre en ocasiones, sensación de incapacidad. Pero si la mujer demuestra sus habilidades será una estimulación muy efectiva. Por ejemplo, hacerle ver que ella se excita con su pene, y a la vez él se excita también.

Los hombre controlan muy bien su excitación, ya que esta, como dijimos antes se basa en objetos concretos. Es por esto, muy positivo que una mujer tenga reacciones de tipo masculino, como responder al ver una piel velluda, o imaginar el pene del hombre cuando aun no se a quitado la ropa interior, o por el mismo juego físico.

Los estímulos sexuales del hombre son concretos, mientras que muchos de los que encienden a las mujeres son circunstanciales y ambientales, como veremos enseguida.

LA MUJER.

Exactamente de la misma manera que los hombres, las mujeres tienen reacciones físicas directas, pero estas son distintas y no pueden ser de corta duración. Los pechos y la piel primero, nunca un agarrón directo al clítoris.

A las mujeres les importa mucho más que a la mayoría de los hombres quién hace qué.

El hecho de que la mujer no eyacule y no pierda una erección, es algo que confunde al hombre. Esto hace que ellos precipiten las cosas y no tomen en cuenta ciertos recursos importantes desde el punto de vista femenino.

Las mujeres registran estímulos que surgen como efecto en un hombre. Estos no son estímulos parecidos a los de los hombres, que son más cortos e incontinuos (se excitan con el hecho de ver un par de buenas tetas). Probablemente porque ellas están menos intensamente programadas para reaccionar a determinados estímulos. Por eso las mujeres son más moldeables, adaptables y dispuestas cualquier experimentación.

Las mujeres temen a no hacer lo apropiado, esto puede hacerla parecer menos activa de lo que debiera. Es por eso que es importante decirle directamente a la mujer qué hacer si es que se le ve desorientada. Por esto una mujer no se molesta.

Para las mujeres el pene no es tan importante como para el hombre. Ellas ven al pene como una parte más del cuerpo de la pareja, y no como un “amiguito”, mucho menos ponerle un nombre. Para ellas, su tamaño tiene por mucho menos importancia que su personalidad.

A las mujeres les excita los movimientos corporales imprevistos y los cambios en el estado de ánimo de su pareja. ¡claro! Sus nalgas, su torso, sus piernas y demás también, pero nunca será lo primordial.

Es importante saber que aunque la sexualidad femenina por llamarla de una manera “refinada”, no quiere decir que se le reste importancia a la mezcla de dureza y ternura. Evidentemente la fuerza es excitante, pero la rusticidad (golpear con los codos, doblar las muñecas o los dedos, etc) puede producir un efecto totalmente contrario.

Por atractiva que parezca en veces la brutalidad en las prácticas sexuales, a la mujer lo que de esto realmente le excita es una mezcla bien dosificada de fuerza, habilidad y control de la situación. Nunca un hematoma. Y si además los hombres saben ser tiernos en el uso de estos fuertes estímulos, pan comido.

La disposición del ánimo de las mujeres, por naturaleza, es cambiante. ¡Punto muy importante! ¡Ellas necesitan que los hombres sean capaces de notarlo! La importancia de esta parte, es que para el hombre le resulta muy difícil entenderlo, pero con seguridad, esto es posible, porque algunos amantes lo hacen.

Para las mujeres no hay ninguna regla para la reciprocidad, sobre quien se ponga encima o no. Un buen consejo es advertir los cambios de ánimo, al tocar a la mujer y sentir sus reacciones. Puede en algún momento gozar siendo más pasiva, y en otras ocasiones tener el control absoluto.

Las mujeres por lo general no saben como hacer caricias manuales o bucales, porque los estímulos en los hombres varían mucho en intensidad entre uno y otro. Y ellas no tienen forma de saberlo si no es preguntando y que el hombre se lo diga, para no ser tratado en una forma distinta a la que él no quiera.

Es común que la mujer tenga como respuesta resentimiento contra cualquier hombre que no la excite. Esto es por dos razones. La primera es que las mujeres no responden con la agresividad que se debiera en el caso de que el hombre sea preferentemente pasivo y con poca imaginación, o inhibidos. No piden ni demuestran sus deseos y se frustran por no llevarlos a cabo. La segunda no es solo porque no la ha excitado, si no porque esto significa que ella tampoco lo excito a él.

No existen mujeres iguales. Su aparato sexual tiene una gran complejidad (pechos, piel, etc., además de la vulva y sus alrededores). Siempre se aprende algo nuevo con cada una, y jamás podrá ser tratada ninguna al igual que otra.

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martes, 27 de febrero de 2007

PAREJAS SERODISCORDANTES

Todavía en la actualidad, escuchar la palabra “SIDA” o “seropositivo” provoca en muchas personas, reacciones que las hacen tomar actitudes de rechazo o miedo.
Después de tantos estudios e información del tema, es hora de que la población acepte que vivir con el virus del SIDA no es sinónimo de contagio seguro ni de muerte. Todos podemos relacionarnos con los portadores del virus sin ningún problema, inclusive en el plano sexual, con los cuidados pertinentes.
Existe una realidad, y es que a pesar de todas las campañas de control contra este virus, vemos que los casos de personas infectadas va en aumento, a tal grado que hoy en día y en nuestro país, no es nada infrecuente el conocer por lo menos uno o dos casos de personas portadoras.
Por tal motivo desde 1986 nació el término serodiscordante, para referirse a la relación de pareja donde un miembro es seropositivo y el otro seronegativo al VIH/Sida. Aunque también la palabra se usa para enfermedades como la diabetes o el cáncer.
Las personas portadoras del virus pueden mantener relaciones sexuales con su pareja, exactamente con los mismos cuidados que las personas que no son portadoras. El uso del condón es aún el método preventivo más común. Además que se ha educado al portador a satisfacer su erotismo por medio del sexo seguro, o sea, con la masturbación mutua, sexo por teléfono o Internet, el uso de juguetes sexuales (de uso personal) y otras prácticas placenteras que no estén en contacto con heridas y mucosas.
Definitivamente la noticia de que uno de los miembros de la pareja tiene el virus, en mayor o menor grado, causa un impacto mental que necesita de tiempo para integrarlo a la vida. Es humano y normal no entender y rechazar en un principio. Pero basta con un poco de educación sexual y comunicación para darse cuenta de que la relación puede seguir prácticamente igual que antes de enterarse de la noticia.
Por lógica, se entra en una etapa de duelo que se dice que atraviesa tres fases: la negación, la ira y la aceptación. En la primera la persona no pierde la esperanza de que la prueba haya sido errónea, intenta evadir la noticia y se genera ansiedad generalizada; en la segunda nace cierto coraje por no poder regresar el tiempo y culpa de haberse puesto en riesgo. Y en la tercera ya se integra a la mente la enfermedad.
Estas tres etapas son clave en la relación de pareja, por supuesto que afecta desde lo sentimental hasta lo sexual. Pero cuando por fin se logra la aceptación de ambos, es muy seguro que opten por no cuidarse y existe constantemente el factor de riesgo debido al amor que se confían. Esto podría ser un error, ya que se expone a la persona no infectada provocando que la discordancia no dure demasiado.
Ahora conocemos muchos métodos para llevar a acabo una sexualidad placentera y con menos riesgos, por lo que las parejas serodiscordantes no están limitadas en sus relaciones sexuales, todo es cuestión de educación sexual y compromiso con la pareja.
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CUENTO DE OSOS

En la actualidad todos sabemos de esta peculiar comunidad de personas gays que deambulan por el mundo y que hasta ya se identifican con una bandera que los representa.
Podríamos llamarlos una subcultura dentro de la comunidad gay. Los osos son hombres homosexuales con cuerpos grandes y usualmente con vello corporal y facial.
Le proporcionan mucha importancia al aspecto hipermasculino y frecuentemente tienen poca interacción erótica con hombres que demuestren actitudes femeninas.
La verdad es que aun se vive un gran debate en el esclarecimiento de lo que es un oso. Algunos dicen que simplemente con identificarse con los osos se es uno de ellos, otros aseguran que deben tener ciertas características, como cuerpos grandes y ser velludos.
Sabemos que algunos osos se apartan de la comunidad típica gay. Los osos usualmente tienen sus propios centros de diversión y hay muchos eventos orientados al tema, o a la comunidad gay general, en los que pueden entablar relaciones sociales con otros osos y con “cachorros”.
Es interesante el porque nace este subgrupo. Hay personas que argumentan que la apariencia física y comportamental es un factor importante. Se sabe que la comunidad gay trae consigo ciertos comportamientos con tintes de roles femeninos y con gran carga de seguimiento al modelo de apariencia física “escultural” o fina; situación que no tendría cabida en hombres robustos y velludos. La cuestión es que no a todos los hombres que les gustan física y sentimentalmente otros hombres, les apetece esta apariencia, sino todo lo contrario, ellos se identifican con una figura preferentemente varonil en extremo, y muy seguramente al haberse juntado un grupo de personas con estas características, nace el ahora tan conocido “grupo de los osos”.
El fenómeno social de los osos surge a finales de los años ochentas en San Francisco, EE.UU. Se trató de un movimiento alternativo a la moda estética que imperaba en los circuitos gays, en donde la publicidad del “típico gay” dio un giro extremo para mostrar que la barba, el cuerpo velludo, la madurez, la corpulencia, la barriga entre otros también son objetos de deseo, aunque la mecánica comercial que construye las identidades gays nunca antes habían sido reconocidas. Esta situación, curiosamente hizo que los homosexuales de aspecto rudo fueran saliendo de sus cuevas y que encontraran una identidad a nivel grupal.
La primera publicación que se dedicó a difundir el mundo de los osos fue Bear Magazine, a partir de un grupo de personas que se reunían en el Lone Star, un bar de moteros de San Francisco. Lo que en principio era un pequeño movimiento de la subcultura gay de esta ciudad se fue extendiendo con el boca a boca a otras regiones, y también con los BBS, redes de información y tablones de anuncios por Internet. Se produjo poco a poco una importante transformación en los circuitos gays, un cambio para muchas personas en la manera de mirar a los demás y de mirarse a sí mismos.
Con este movimiento inicia una especie de valoración de ese tipo de cuerpos, de tal forma que en la actualidad los osos tienen una referencia cultural que les ha servido para crear lazos sociales y de afecto, sintiéndose atractivos y deseados, y muy importantemente romper con ese estereotipo del “Clásico gay” pulcro y afeminado.
También podemos mencionar el desarrollo de ciertos valores que han crecido a parte de los atributos físicos de los osos. Podemos mencionar: la amistad, la solidaridad, lo masculino, la tolerancia, lo lúdico y cierta pereza, por lo menos en lo escrito de dicho ambiente. Y más actualmente, cierta fama ha ganado de ser personas particularmente sentimentales a pesar de su aspecto rudo.
Tanto ha impactado este fenómeno que desde los años noventa a la fecha existen formas de organización, de imagen y activismo.
Bares, colectivos, reuniones periódicas, ensayos, revistas (Bear magazine, American Bear, Husky, entre otras), videos y páginas, actores del porno, libros y lecturas son algunos de los ejemplos sobre la evolución de este fenómeno tan maravilloso.
¡ARRIBA LOS OSOS!
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jueves, 27 de abril de 2006

EL ARMA SEXUAL SECRETA: LA PRÓSTATA

Este término va más allá de imaginarnos a los ancianos con incontinencia urinaria o cáncer.

Es difícil encontrar el testimonio sincero de la gente respecto al placer prostático, es un tabú que implica que se mantenga como un secreto súper guardado.

Muchos hombres no experimentan nunca los placeres de la próstata, simplemente porque no saben que existen, y ¿qué creen? Son infinitamente satisfactorios. Otros creen que cualquier cosa anal es sucia, o piensan que sólo los homosexuales practican este tipo de juegos. No es cierto. La próstata debe considerarse como una herramienta sexual.

La próstata es una glándula, está localizada aproximadamente 4 centímetros en el interior del ano, en la pared anterior del recto (Ver imagen). Produce el líquido prostático, el cual se combina con los espermatozoides y el líquido de las vesículas seminales para formar el semen que vemos en las eyaculaciones.

Es un órgano pequeño y blando (como una nuez) que contiene numerosas terminaciones nerviosas muy sensibles al tacto, pero que, ojo, no se nota distinto del resto del ano hasta que se produce su excitación.

¿ES SEGURO?

Algunos hombres creen erróneamente que la estimulación de la próstata les hace aumentar las posibilidades a sufrir cáncer de próstata o inflamación de la glándula. Esto no es verdad, aunque los médicos examinan la glándula en busca de infecciones, inflamaciones o cáncer. Para ello se realiza el masaje de la próstata hasta que se excreta el liquido prostático sin orgasmo que se recoge en un recipiente.

LA CULTURA

En nuestra sociedad hemos aprendido que la estimulación de la próstata es mala sexualmente hablando. Los hombres que asocian negativamente esta idea pueden sentir repulsión a explorar sus posibilidades sexuales. No obstante, las sensaciones experimentadas durante una exploración médica están a años luz de la sensación que produce la estimulación de la próstata durante la excitación sexual plena. No tienen nada que ver. De la misma manera que no debería producirse sensaciones sexuales cuando las mujeres van a hacerse exploraciones vaginales.

Yo me pregunto: ¿Valdría la pena aprender la sexualidad sin excluir la próstata? Romper con el impacto social y cultural es muy difícil, pero sin duda, aumentaría significativamente las sensaciones sexuales en el hombre.

¿AUTOESTIMULACIÓN?

Aunque para un hombre es posible la autoestimulación prostática, es muy incomodo y, francamente, el ano no es el lugar al que primero un hombre dirige la mano cuando desea bajar su calentura. Habitualmente, la estimulación de la próstata se hace junto con la masturbación simultanea del pene, y cualquier hombre capaz de realizar ambas actividades al mismo tiempo, es merecedor de un premio por su sublime coordinación.

Hay quienes se sienten avergonzados de pedir a su pareja que les realicen estimulación prostática, pero pensemos, darle al otro algo más que hacer es mucho mas excitante que hacérselo uno mismo.

¿CÓMO LA ESTIMULO?

El hombre tiene que estar seguro de hacerlo, hay quienes lo han intentado y definitivamente no les gusta, pero ya lo intentaron.

Mucho lubricante, el ano no es como la vagina que lubrica, así que hay que usar en abundancia para no lastimar los tejidos. Es mejor usar guantes.

Acostado boca arriba es la mejor posición. Primero hay que estimular las zonas vecinas como las nalgas, el periné (zona entre los testículos y el ano), los testículos, la ingle, el muslo interno y el ano por fuera, para ganar excitación y relajación.

Se acaricia por la abertura anal. Hasta relajar con la excitación. Al meter el dedo el esfínter se contrae, hay que ser paciente. (30 segs)

Con el dedo adentro, hacer movimiento de “ven aquí”, rumbo al ombligo.

Frota el dedo sobre toda la glándula y goza sin control.

Recuerda que hay que vivir la sexualidad correcta y responsablemente.

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martes, 3 de enero de 2006

EL PODER Y LA OBEDIENCIA: SADOMASOQUISMO

¿Qué es lo que realmente hace que el buen sexo sea excepcional? ¿Buscar el placer? ¿El triunfo de la constancia frente a ciertas barreras? ¿La existencia de una seducción planeada y deliberada? ¿Lo inesperado, imprevisible e incógnito? ¿La tensión dramática del momento? ¿La trasgresión del tabú?

La respuesta es SI.

Cuando a tu vida sexual le falta alguno de los elementos anteriores, empiezas a aburrirte. Puede que tu relación de pareja estable haya perdido parte de su chispa inicial, o que se hayan convertido en animales de costumbres inmersos en la rutina familiar, con sucesivas parejas, nuevas o viejas. Pero, ¿Si te dijera que puedes recuperar toda la emoción que sentías en esos días e incluso más? ¿Y si te dijera que puedes convertir tus fantasías en realidad de un modo seguro, discreto, poniendo un poco de tu parte pero sin tener que soltar un peso?

Olvida todo lo que creías saber sobre el BDSM; con estas siglas se conoce la práctica del Bondage y Disciplina, Dominación y Sumisión, y Sadomasoquismo. Desde ahora te digo que no es necesario que te inscribas a un grupo extraño ni que te aprendas el lenguaje de las pelis pornos sados para convertirte en la estrella del evento y disfrutar de BDSM. Ni siquiera es absolutamente necesario que te guste la ropa sadomaso. La palabra bondage es utilizada para referirse al arte de las ataduras en el sexo, suele traer a la mente la imagen de adolescentes violentos de estética gótica con los ojos pintados de negro, la cara blanca y retacados de crucifijos. Pero de hecho, el uso de las ataduras es una de las maneras más sencillas, baratas y versátiles de dar un toque de sorpresa a uno de los actos más previsibles de la naturaleza humana.

Este artículo no trata de dejar a un lado el sexo “normal” y adoptar un nuevo estilo de vida o hacerse miembro de alguna comunidad ni convertirte en algo extraño. Trata de cómo ponerle color a tu vida sexual y sobre cómo dejar que se manifiesten tus lados más oscuros y quizá tus perturbadores deseos explorando nuevas sensaciones. Ya sea con o sin coito.

Hay gente que le gusta sobre todo el lado físico del BDSM, mientras que a otros les atrae más el psicológico.

Thomas Jefferson, ex presidente de Estados Unidos dijo: “El poder no cautiva a las mentes puras”. Me pareció interesante, pero ¿Quién quiere ser puro? Y aunque tenía razón, ninguno de los dos extremos de la práctica de poder, ya sea monopolizándolo totalmente o cediéndolo por completo, se adecua a una sociedad democrática moderna. Aun así, los juegos y la alternancia de poder son ingredientes básicos en todas las relaciones de pareja, especialmente las sexuales. Y es que nos pasamos tanto tiempo intentando mantener el equilibrio de las fuerzas fuera de la cama que el hecho de distorsionarlo e incluso acentuarlo dentro de ella se convierte en todo un reto. Porque en privado se está permitido disfrutar de ser víctima de un abuso de poder. Así que puedes sacar tu peor perversidad o mostrarte totalmente servicial. Suena a morbo ¿no?

Jugar explícitamente con la posición de poder, más que de ejercer de iniciador consiste en lo siguiente: una persona, que normalmente recibe el nombre de “amo(a)” toma las riendas del asunto mientras la otra, la sumisa (o) le cede todo el poder. Entonces puede que el amo amordace al sumiso excitándolo sin piedad hasta que ambos estén listos para venirse. O puede que el sumiso se haya portado muy mal y necesite que lo o la castiguen con un buen par de azotes en el culo. O que el amo haga su sirviente amoroso al sumiso y lo obligue a satisfacer solícitamente todas sus necesidades, y sin titubear. También es verdad que no es necesario que sea totalmente sadomasoquista la cosa: Por ejemplo, puede ser que solo el amo haga que el sumiso le prepare la tina del baño, le de un masaje, le lave el cabello, le de unos besos de lengua, etc. Otra opción es atar al sumiso de pies y manos, además de taparle la boca, vendarle los ojos y al final encerrarlo con llave para dejar que se consuma por completo en su dulce y doloroso martirio.

A SUS ÓRDENES

Dejarse dominar es un modo de darse completamente a la pareja. O sea, de convertir tu cuerpo en el instrumento de su placer. Pero como al dominante le da placer, de hecho es un estira y afloja constante. Mostrarse sumiso o sumisa es un modo de hacer que se desvanezcan la responsabilidad, la culpa y los malos rollos. No se trata de practicar cualquier tipo de sexo que se desee porque lo deseas realmente, sino porque no te queda otro remedio. ¡Está bueno! Porque aunque eres prácticamente un títere, también eres el centro único de atención. Y si te excita que te inmovilicen y te hagan cosquillas ¿Por qué no llevarlo al extremo? Como pasar de segunda a primera división en el fútbol. Es posible que te tome por sorpresa también, así que no tienes ni que pensar ni que hacer, solo lo que se te ordene. Además, es importante mencionar que no tiene nada que ver el estatus social, económico o psíquico que tengas y tus preferencias en el reparto de poderes. Porque dejarse dominar no es degradante. Sino placentero.

¡HAZ!

Dominar es asumir la plena responsabilidad de lo que sucede y de cuándo, dónde, con qué frecuencia y a quién se domina. Asumes el control de la situación porque sabes exactamente qué es lo que quieres o, mejor, qué es lo que tu pareja se merece y no quieres que interfiera en tus planes. Así que puedes dar rienda suelta a todos esos defectillos que en el mundo real no te dejan tener demasiadas amistades, como la avaricia, el orgullo, la gula, la lujuria, la pereza o la ira, o sea, más o menos los siete pecados capitales (la envidia no, ¿a quien podrías envidiar teniendo todo el poder?). Usa y abusa. Ni siquiera tienes que hacer algo especial, solo torturar a tu adversario negándoles el sexo y otras cositas, haciendo que digan guarradas o que admitan sus más secretas y oscuras fantasías o que se desnuden literal o figuradamente, o que te supliquen piedad. Nada más.

Y aunque parezca irónico, el hecho de poder hacer lo que te de la gana incluye tener constantemente presente el placer de tu pareja porque, a fin de cuentas, la confianza total y absoluta es un valioso regalo. Así es que como se convierte en algo recíproco. Tampoco es cuestión de lastimar al otro cuando no lo quiera.

TÚ RESUELVES

Tengo claro que la palabra “no”, en estos juegos no significan no, literalmente hablando. Es necesario que tú también lo tengas claro, e idear alguna palabra o seña cuando las cosas se pongan malas y parar.

No hace falta tener solo un rol, a fin de cuentas todos y todas tenemos un macho y un mandilón dentro. Por lo general en una sola tanda de cachondeo sado-maso el poder cambia de manos varias veces, así que puede que esto pase en tu caso. No pasa nada, dicen por ahí que lo mejor es probar de todo un poco.

CRUCIAL ES LA COMUNICACIÓN

Es de vital importancia platicar entre pareja todo esto. Es evidente que una de las ironías que tiene este juego es que se basa totalmente en el consenso. Claro que quien hace de sumiso cede el control y nadie lo obligo a hacerlo. Por eso el intercambio de poderes tiene que ser recíproco, entre iguales, y sin presión ni manipulación por parte de ninguno de los elementos. Así que sácalo de una manera natural pero decidido (a).

La comunicación es el pilar principal de cualquier relación, y una relación gustosa de fechorías no es la excepción. Los dos integrantes tienen que decidir qué les apetece y que no; que les gustaría hacer y que no harían jamás; cómo le gustaría empezar la acción, y lo que es más importante aún, como terminara: ¿Con una explosión o suplicando? Así que cuanto mas concretes las cosas antes de actuar, menos posibilidades tienes de que la confusión y la decepción se adueñen de la situación, ya sea antes o durante los atasques.

En algún otro artículo hablaré de los consejos para la práctica del BDSM, por ahora, me gustaría que corrieras a llevarle la información a tu pareja para que se entere de que estas prácticas mas que ser negras y perversas en el mal sentido de la palabra, puede ser la llave de cristal que aumente la creatividad en sus relaciones sexuales. En caso de que ya esté enterada, más me gustaría que corrieras a conseguir los materiales para una gran sesión que ni el Marqués de Sade haya experimentado.

Vive tu sexualidad con responsabilidad y de la manera más divertida.

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lunes, 25 de abril de 2005

FETICHISMO

Los zapatos, las botas, los pañales, los guantes, las pieles, el hule, las prendas infantiles, la ropa íntima, las medias, los calcetines, los vestidos, los trajes, las corbatas, las batas médicas, los uniformes, los senos, los pies, las axilas, el cabello, el vello corporal, entre otros, son objetos comúnmente usados como estimulantes eróticos para las personas que llamamos fetichistas.

Dichos objetos despiertan en la persona sentimientos que aunque parezca increíble son de amor. El fetichista siente una atracción erótica por determinada cosa, se enamora de ella, colecciona, guarda, esconde y llega a una sensación de tener el control en su “relación”. Es por eso que el fetichismo lo podemos definir en parte como un trastorno del amor y la sexualidad, ya que uno de los elementos, es inanimado.

Le llamo relación porque el fetichismo no es un episodio temporal, es una orientación, un gusto y una inclinación sexual que trae la persona consigo en el transcurso de su vida. Se puede decir que en lugar de relacionarnos con otras personas, nos relacionamos en cierta medida con otros objetos que casi siempre nos recuerdan lo femenino o lo masculino.

El fetichista colecciona tales utensilios y los utiliza como estímulos sexuales, satisfaciéndose con ellos o a propósito de ellos.

Se masturba ante su fetiche, que sustituye a la pareja amorosa.

La manía coleccionista del fetichista puede llevarle a constituirse todo un “harén”

Hay algunas explicaciones: El primer médico que se preocupó por esta manera diversa de ver al amor fue el psiquiatra alemán Krafft-Ebing en 1882, o sea que el tema no es tan novedoso, y aun sin embargo, conocemos poco.

En la corriente psicoanalítica el fetichista aparecía como un psicópata que coleccionaba objetos de uso femenino para satisfacerse de ellos.

Desde aquel entonces el fetichismo es considerado una perversión. El perverso recuerda en muchas cosas al hombre neurótico: de ahí que Freud llamara a la perversión la contrapartida de la neurosis. Los fetichistas llevan rasgos de personalidad neurótica.

Todo hombre tiene, efectivamente, gustos peculiares, en la medida en que hay ciertas características que le gustan en su compañera y que constituyen para él un estímulo erótico específico. Por ejemplo, los hombres que les gustan solo las mujeres de pechos grandes.

La preferencia por una persona se extiende entonces a alguna parte de su cuerpo, o a sus vestidos, sus objetos, su peinado, etc; a veces el amante puede llegar a conservar un utensilio inofensivo de esta índole con una especia de devoción religiosa.

En el Fausto de Goethe se pronuncian con reverencia y reconocimiento lo siguiente: “Consígueme un chal que haya rodeado su pecho, una liga de la que es delicia de mi amor”.

Es característico del normal, sin embargo, que sólo se reverencia al fetiche en orden a la propia persona amada. Para él no es más que un signo que le recuerda a aquella a quien ama en realidad. No hay “formación sustitutiva”, que elimine en mayor o menor medida a la otra persona.

El fetichista patológico, en cambio, reacciona en forma enteramente distinta.

El fetichista patológico absolutiza el objeto muerto y hace de él el objeto de la actividad sexual sana, que en el fetichista se reduce a una utilización mezquina de artículos de uso cuasi sexual.

En este sentido nos encontramos en frente de una enfermedad sexual, que posee una estructura íntima más compleja. Para comprenderla necesitamos un análisis más detallado y profundo, como por ejemplo siguiendo al psicoanálisis de Freud, la teoría asociacionalista donde sospecharon que el instinto sexual adquiere, a través de una experiencia patógena de la juventud, esa extraña “formación” que puede hacer que su capacidad erótica se fije al fetiche.

Esta concepción se encuentra incluso en muchos otros autores contemporáneos, como por ejemplo en J.H. Schultz, que cuenta de un fetichista, para quien el tubo de escape de los camiones de carga se convirtió en un medio de excitación sexual.

Este fetiche, evidentemente raro y torcido ante el común de la gente, estaría en relación con una abuela que “dejaba escapar sus gases” ante el nieto sin la menor reserva: esta experiencia sexual infantil tan impresionante habría constituido el fundamento del peculiarísimo “fetiche” que puso al paciente en conflicto con la ley penal desde el momento en que puso en práctica públicamente su anomalía sexual.

De lo anterior resulta claro que el fetichista no se siente atraído por la persona física como tal, sino únicamente por una parte suya o incluso por una prenda de vestir representativa de aquella.

Se ha llamado acertadamente la atención sobre el hecho de que a toda “atracción parcial” corresponde paralelamente una “repulsión parcial”: Freud observa, entre otras cosas, que la tendencia a la unión sexual en el fetichista se encuentra aminorada y que los genitales femeninos desempeñan un papel asombrosamente pequeño en su pensamiento y en su sensibilidad.

En oposición a la explicación freudiana, no nos sentimos inclinados a ver el sentido de esta transposición del interés en las angustias de castración infantiles y en la búsqueda de un pene femenino. Las hipótesis de este tipo se acoplan bien con un sistema artificioso como es el de la teoría de la libido, cuya validez nadie aceptará sin discriminación.

El comportamiento fetichista, como la sintomatología neurótica, tiene como misión proteger el sentimiento de la propia estima contra el desplome que amenaza.

Tiene que mantenerse fuera de la zona de peligro, que en este caso es el gran problema vital del amor y el afecto compartidos.

El fetichismo es un mecanismo de seguridad de que se sirve la personalidad neurótica.

Reduce la “realidad amorosa” a un delgado sector de vivencias que imita la relación como un Tú, pero que sólo de lejos recuerda a una comunidad de personas.

Adler hablaría aquí de una ficción, de un juego de engaños y autoengaños, que al fetichista, preso de sus sentimientos de inferioridad, le parece vitalmente necesario.

El fetichista tiene tal angustia ante la mujer o el hombre y el amor, que huye a refugiarse en sus “objetos excitantes”.

Sus angustias no se refieren tanto a los genitales femeninos como a la mujer en lo absoluto, en caso de un varón heterosexual, a la relación con un compañero del otro sexo.

Esta angustia fundamental vuelve una y otra vez en todas las historias clínicas de fetichistas y habría que cerrar los ojos ante la realidad para dejar de ver lo angustioso de las vivencias de estos pacientes.

A través del zapato, la piel, el corsé o el sostén el fetichista intenta acercarse a la tan temida feminidad, para disfrutar al menos de un reflejo de aquel eros del que él, como todo hombre, tiene nostalgia.

Pero su nostalgia, frenada por la angustia, se queda a medio camino de la pareja amorosa.

El fetichista procede de una niñez y juventud en las que su capacidad de amor no se pudo desarrollar sino malamente.

Como todas las personalidades neuróticas siente angustia ante los contactos íntimos con otras personas.

El despertar de su instinto sexual le impone la tarea de buscar un modo de satisfacer su sexualidad y sus exigencias de amor.

Se ve desgarrado en todas direcciones por sus deseos eróticos y sus tendencias a buscar seguridad, que corren en direcciones diametralmente opuestas.

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