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sábado, 1 de octubre de 2011

Problemas de erección en la primer cita

HACE TIEMPO QUE TENGO ESTE PROBLEMA: SIEMPRE QUE PRETENDO TENER SEXO POR PRIMERA VEZ CON UNA MUJER, NO LOGRO LA ERECCIÓN. EL PROBLEMA DESAPARECE CON EL TIEMPO Y LA CONFIANZA. ACABO DE TERMINAR UNA RELACIÓN DE SEIS AÑOS SIN PROBLEMAS, PERO CONOCÍ A UNA CHAVA ¡Y HE VUELTO A FALLAR! ¿QUÉ PUEDO HACER?

Evidentemente tu problema sucede cuando no conoces las características de la nueva pareja sexual. Esta situación es común, y se relaciona con la incertidumbre por saber si cumplirás las expectativas de la otra persona. Muy probablemente te sientas juzgado o valorado por ella, sin importar si esto es verdad.
Para un gran número de hombres, es un reto importante demostrar su desempeño sexual. Es un evento crucial. Algo así como cuando un sinodal examina a un alumno. Los nervios se hacen presentes, y el descontrol mental, erótico y emocional se evidencia.
Como puedes ver, la masculinidad es una dimensión bastante amenazante. Y para mantenerla, muchos hombres creen que deben desempeñar un papel erótico “perfecto” para ser aceptado sexualmente por una mujer.
Comúnmente se olvida que la mujer es también un ser sexuado, que al igual que el hombre, experimenta dudas e inseguridades con respecto a su sexualidad. En lugar de esto, la experiencia se vive como si el sexo femenino lo supiera todo en el tema del erotismo, y se le otorga un poder “fantaseado” donde quien esta sujeto al título sexual de “bueno” o “malo”, es el hombre.
Empieza por tratar de entenderlo. En general, las mujeres no juzgan. Si no que también experimentan y aprenden cuando se enfrentan a una nueva pareja sexual.
Tienes la ventaja de saber que tu respuesta sexual es completa y plena, solo que necesitas tiempo para poder expresarla. Comentas que con el paso del tiempo y ganando confianza el problema de erección disminuye hasta desaparecer, por lo que debes estar completamente seguro de que tu capacidad sexual esta al 100%.
La tarea sería transportar tu actividad erótica eficaz a las primeras citas con una nueva persona, e incrementar tu seguridad en cuanto a tu masculinidad.
Para lograr esto es esencial vivir las nuevas experiencias eróticas como algo natural, divertidas y placenteras, tratando de recibir y dar sensaciones plenas y novedosas con el fin de avanzar en tu vida sexual activa; en lugar de pensar si vas a fallar o no. Y recordar que para las mujeres lo más importante es la autenticidad y el buen trato, más que una erección rígida y duradera, por lo menos en la primer cita.
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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Parejas swinger

TENGO VARIOS AÑOS DE CASADO Y NUESTRAS RELACIONES SEXUALES SON CADA VEZ MÁS ESPORÁDICAS. MI MUJER ME PROPONE DAR VARIEDAD MEDIANTE EL INTERCAMBIO DE PAREJAS. ¿QUÉ CONSECUENCIAS PUEDE TENER ESTO?

El intercambio de pareja, también denominado “swinger”, se ha convertido en un estilo de vida, el cual incluye un amplio rango de actividades sexuales que tienen como objetivo introducir experiencias nuevas entre tres o más personas con el consentimiento de la pareja.
Este tipo de actividades incluye desde ver a otros tener sexo, hasta que uno de los integrantes de la pareja (o ambos) tenga sexo con penetración con otra persona.
Este fenómeno puede ser visto como parte de una revolución sexual de las últimas décadas.
Se dice que existen más de 400 clubs “swingers” en Estados Unidos, y más de 600 en Europa. Por lo general, los intercambiadores se contactan por medio de revistas, anuncios personales, por Internet, o por “fiestas de intercambio”.
Las consecuencias de tomar la decisión para empezar a realizar este tipo de actividades dependen mucho de la educación sexual y la apertura de la pareja. No es lo mismo la percepción de dos personas conservadoras a dos personas liberales.
Lo primordial es la comunicación entre ustedes, dejando completamente claro cuales son sus objetivos e inquietudes, para posteriormente, no tener diferencias por las acciones del otro.
Por lo general las personas que acostumbran intercambiar parejas con éxito, son parejas bien consolidadas, que viven su dinámica de pareja con la completa confianza y seguridad de que el otro no va a cambiar la perspectiva de su relación actual.
Es frecuente que nazcan ideas raras, celos, inconformidades, angustias y complejos personales. Si esto sucede, es mejor tomarse un tiempo y arreglar esas diferencias que no les permitan actuar libremente en este estilo de vida.
Hay que tomar en cuenta que si se decide hacer de las prácticas “swinger” un acto constante, pueden nacer vínculos emocionales y/o sexuales con las otras parejas. Es muy difícil que una persona encuentre exactamente las mismas fuentes de placer en dos o tres diferentes personas. Si esto sucede, se necesita de una madurez mental para aceptar qué es lo que le gusta a tu pareja que tiene el otro y tú no. Por lo mismo, reitero, es crucial comunicarse todo antes de dar el primer paso.
También es importante saber que la monotonía sexual en pareja es un proceso completamente normal que casi todos sufren. En estos momentos es hora de actuar y aumentar la creatividad sexual. Una opción es experimentar con parejas nuevas, aunque ésta es solo una opción de la gran gama de variedades sexuales que existen, tales como juguetes sexuales, películas pornográficas, nuevas posiciones, nuevos lugares entre otros.
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martes, 6 de septiembre de 2011

MI NOVIA NO LUBRICA

MI CHAVA Y YO NO PODEMOS TENER RELACIONES PORQUE ELLA NO LUBRICA. ¿SERÁ QUE NO LOGRO EXCITARLA? Y ES QUE CADA VEZ QUE INTENTO PENETRARLA, ME DUELE HORRORES Y SE ACABA EL ENCANTO. Y AUNQUE HEMOS PROBADO ALGÚN LUBRICANTE, NADA. ¿QUÉ SE SUPONE QUE TENGO QUE HACER?

Puedes empezar por tranquilizarte y dejar de pensar que tú eres la causa de la falta de lubricación de tu novia y el responsable de su incapacidad para excitarse.
Para que puedas entender esto mejor, valdría la pena que conozcas porqué pasan estas cosas:
La disminución o ausencia de excitación es un problema frecuente en las mujeres. Se caracteriza por el fracaso de la respuesta sexual femenina, la cual consta de lubricación vaginal, tumefacción vaginal, tensión muscular pélvica, aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, entre otras.
Por lo general la falta de excitación no se da sola o aislada, frecuentemente se acompaña de falta de deseo y dificultad para alcanzar el orgasmo.
Las mujeres que tienen conflicto en la excitación pueden estar teniendo problemas (psicológicos o biológicos) o lesiones que influyan en la vaso dilatación y la vaso congestión pélvica.
Biológicamente, la excitación es un resultado de la respuesta vascular y neurológica. Si se afecta alguno de estos sistemas, habrá problemas con la lubricación. Puede ser por enfermedades como diabetes o esclerosis múltiple. Otra causa es hormonal, donde si disminuye el estrógeno, la resequedad vaginal aumenta, lo que explica este trastorno en la menopausia y la lactancia.
Ahora, entre los factores psicológicos (más comunes) están sensaciones y sentimientos indeseables, producto de la educación sexual: Duda, culpa, miedo, vergüenza, ansiedad, conflictos, tensión, irritación, resentimiento, tristeza, hostilidad con la pareja y educación sexual restrictiva.
Investigar las razones por las que tu novia no se excita puede ser más fácil de lo que te imaginas. Si empiezas por comunicarte con ella, estarás ya dando un gran paso. De esta manera ella puede manifestar las causas que la tienen incómoda, y así, dirigir en alguna dirección la solución del problema.
Si encuentras alguno de los factores antes mencionados, la mejor manera de ayudarla es consiguiendo ayuda profesional, con un psicólogo o sexólogo, de manera individual o como terapia de pareja.
Cabe la posibilidad que el problema sea su dinámica sexual en pareja. Tal vez no la estimulas adecuadamente, o no hay una óptima comunicación sexual. Si este es el caso, aprovecha la oportunidad para explorarla, estudiarla y aprender cuáles son sus zonas más y menos excitables, de esta manera podrán los dos, incrementar su creatividad sexual, optimizando los encuentros eróticos.
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martes, 7 de junio de 2011

EROTISMO, ENAMORAMIENTO Y AMOR

EROTISMO, ENAMORAMIENTO Y AMOR

EL ENAMORAMIENTO

Hablar del enamoramiento no es sencillo. Las personas a la edad de 25 años han experimentado por lo menos una vez, una fuerza inexplicable por unirse con otro ser, viviendo una metamorfosis casi absoluta, en donde todo se justifica, lo que les gusta, e inclusive lo que no les gusta, aunque esto tenga como consecuencia sufrir. Existe paciencia y aceptación incondicional. Se altera la conciencia, y la realidad se sustituye por ideales.
Al enamoramiento lo reconocemos por sus manifestaciones. Lo más característico son los cambios en lo afectivo. La persona enamorada tiene una exagerada sensación de bienestar y satisfacción, no siente que le haga falta nada, se expresa como si al fin encontró la felicidad y desea que dure para siempre. Se presentan cambios en su actitud, se ve más vivaz, más alerta, más alegre, y todo esto asociado con la necesidad del contacto con una persona en específico: el ser amado.
La imagen de la persona que se ama se idealiza, se le ve como un ser único e irremplazable, lleno de virtudes y bondad, no se acepta atribuirle ningún defecto.
Sobrevalorar al otro permite experimentar llenarse de satisfacción solo con verlo y nada más. Se desea su compañía; tener su presencia y este solo hecho y únicamente este hecho colma de felicidad inmensa. Permite no desear nada más que la felicidad del otro, permite una renuncia a las propias necesidades por el otro. La mayor alegría se lee al recibir una sonrisa como aprobación del ser amado, un detalle, una palabra de amor o una caricia.
La persona enamorada insiste en explicar a la gente a su alrededor esto que la “llena”, no pide nada más porque con ello se siente completa, no experimenta insatisfacción alguna.
La percepción del tiempo se altera notablemente, los minutos se alargan y son angustiantes, las esperas se hacen insoportables, la ausencia es dolor, y por el contrario, cuando están juntos, el tiempo no dura nada. No se percibe el paso de los días y las horas.
Lo interesante de todo esto es que el enamoramiento es un proceso que invade la conciencia y el control voluntario de los seres humanos. El pensamiento gira alrededor de la persona elegida, del deseo de su presencia y de hacer proyectos en el futuro, se estimulan su creatividad y fantasías, se crean escenarios y proyectos en donde la pareja hace planes donde el tema central es prolongar la relación sin ningún problema.
El trato hacia el otro elimina cualquier agresividad, se piensa que la vida amorosa traerá pura satisfacción e inicia un desplazamiento de la agresión hacia todo lo que pueda interponerse en su relación. Se cree que uno es capaz de comprender todo, aún lo más personal del otro con o sin palabras, y se espera lo mismo. No se ven las desigualdades, porque son sinónimo de separación.
El lenguaje también se altera, la comunicación se hace con un lenguaje primordialmente preverbal, en donde las palabras mágicamente sobran, creando un idioma propio lleno de tiernas palabras.
Se siente ser lo que siempre se deseó, experimentando la plenitud de la vida personal y del otro. Se le ve a la vida profundidad y sentido, siempre con actitud optimista hacia el presente y el futuro.
La necesidad de estar en contacto con la pareja incrementa el deseo sexual y las relaciones sexuales que se viven gratificantes en extremo, hay mucha disposición para tener sexo y con solo pensar o rozar, da paso a una gran excitación erótica y mucha disponibilidad para recibir y dar placer.
En el sexo hay apasionamiento extremo, los besos son muy frecuentes y ardientes, las sensaciones vibrantes y los encuentros eróticos son maravillosos y muy habituales, o por lo menos novedoso y excitante. Sin embargo esta etapa “desquiciante” desgasta muchísimo y tiende a disminuir en frecuencia. La energía y adrenalina liberada en los encuentros amorosos son elementos que, entre muchas otras acciones, tiene la facultad de poner a los individuos en total alerta y disposición, pero el cuerpo no puede mantener este periodo eternamente. Por lo que el cuerpo lo reciente y al cabo de unos tres meses en promedio inicia un descenso en la frecuencia de los encuentros amorosos.
Muchas veces se vive como una posesión, como una fuerza superior a la persona, que domina la voluntad.
Es frecuente que el “enamoramiento” se da pese a las circunstancias o las condiciones poco favorables, y aun cuando la persona sepa que a lo largo puede resultar incómodo y causar desilusión, ser autodestructivo para su individualidad. Sin embargo no es nada difícil ser vulnerable a esa fuerza tan deseada por muchos.
Enamorarse es una experiencia deseada en la mayoría de los seres humanos, y se puede vivir de miles de formas, por lo cual no hay un “patrón de enamoramiento”. También es muy temida porque dejarse llevar por estas fuerzas ocultas puede provocar los mayores sufrimientos.

EL AMOR
Se han escrito un número elevado de artículos sobre este fenómeno y muchos actos se han justificado en su nombre, pero dado a lo subjetivo del concepto ninguna definición puede alcanzar toda su diversidad. Pero intentemos acercarnos lo más posible a su significado.
Esta etapa es menos pasional eróticamente hablando, pero en cambio ofrece seguridad y tranquilidad, que son dos grandes aliadas de la felicidad. Aparece aproximadamente al año de haber iniciado la relación. Los causantes de todo esto son los neurotransmisores dopamina y serotonina, cuyos niveles van disminuyendo conforme pasa el tiempo. A partir de este momento las personas se dan cuenta de que les apetece ver más a los amigos y en veces hasta intercalar salidas románticas con otras personas (si la relación no está como se imaginaba antes). Muchas parejas no logran superar esta etapa y creen que volver a salir con otra gente es un paso atrás en la relación, lo cual no es real. Lo real es que se está regresando a la vida normal y cotidiana. Por lo general a partir del segundo año de relación, cuando el enamoramiento se ha ido o se está yendo y se sustituye por “amor real”, el peligro en la relación es darlo todo por hecho y no innovar ni experimentar con la pareja. Acomodarse a lo fácil y lo conocido puede ser el inicio de una derrota como pareja. Es importante no dejar pasar la oportunidad de decirle a la pareja cuanto se le ama, mientras se le invita a hacer cosas nuevas, sexuales o no sexuales. La vida es una sucesión de acontecimientos y lo importante es con quien lo vives.
Para algunos, el amor es la razón a la que las personas deciden unir su vida a la de otra persona; su presencia es la causa de que las cosas vayan bien; y su ausencia, la culpable de que las cosas vayan mal. No obstante, existe un gran peligro si se considera el amor como algo ajeno al control, algo independiente, como si fuera un ente con voluntad propia que en cualquier momento puede traicionar. Esta es la idea del amor romántico, inconcreto y etéreo. El amor todo lo puede, y si el amor se muere no hay más que hacer en la vida. Ese concepto envuelve un estado de dependencia e indefensión.
En realidad, el amor, en comportamiento, opiniones y sentimientos de las personas que lo experimentan, es definible y concretable. Para que una persona llegue a considerar que ama a otra, ¡ojo!, no estamos hablando de enamoramiento, si no de un sentimiento de satisfacción en una relación estable; debe haber valorado que lo que recibe en esa relación es predominantemente positivo, que lo que se da es proporcional a lo que recibe y que ese intercambio de comportamientos y sentimientos no desea hacerlo con nadie mas, ya que esa relación cubre la mayoría de sus expectativas, más no todas. Pensar que lo que se recibe de la pareja es un “todo”, nos desvía al tema del enamoramiento, ya que ninguna persona es capaz de cumplir por completo las expectativas de otra.
Con esto quiero decir, que la experiencia de vivir momentos con la pareja, hace que el amor se desarrolle. En el amor no todo es felicidad, es más bien vida real y cotidiana. Es un arte de dar y ceder sin mayores complicaciones. Los problemas que aparecen con la convivencia son comunes en la mayoría de las parejas, y el hecho de que los superen sin demasiados dolores de cabeza, habla de que el amor lleva un buen camino y que la confianza y la comunicación son protagonistas en su historia. Y en otras ocasiones cuando naufraguen en el intento se debe más a una falta de habilidad para afrontar problemas concretos de convivencia, y quizás la pareja tenga unas expectativas falsas sobre la vida de pareja, haciendo las circunstancias menos favorecedoras.
Es ingenuo pensar que el sentimiento que nos despierta una persona permanecerá inmóvil a través del tiempo. Lo lógico es experimentar bastantes sentimientos distintos por la persona que se ama. Los seres humanos se sienten defraudados si la persona que ama le hace una mala jugada; si le da una sorpresa, se siente emocionado; si la o lo halaga, complacido y deleitado; y confundido si le alza la voz sin motivo aparente. Sería demasiado triste que los actos de la persona con quien se comparte una vida ocasionen indiferencia.
Es muy importante que los sentimientos que predominen sean positivos, por lo que la pareja debe hacer más cosas positivas que negativas, para no empezar a pensar que la relación no es conveniente.

Mitos sobre el amor:
• El amor es mágico.
• El amor soluciona todo.
• Si me ama, debe aceptarme tal como soy.
• Si las cosas empiezan a ir mal, es el amor está muriendo.
Verdades sobre el amor:
• Soy responsable de mi propia felicidad y la de mi pareja.
• Es lógico tener problemas, lo importante es saber afrontarlos.
• Ambos debemos adaptarnos a las necesidades e intereses del otro.
• Cuando las cosas van mal puede deberse a que hemos descuidado algún aspecto de la relación, que es reversible.

Aunque parezca extraño, es un hecho demostrado que las parejas que comienzan su relación de convivencia con pocas comodidades tienen más posibilidades de superar los problemas que trae consigo la rutina, el desencanto y la monotonía, que las que parten de una vida material resuelta, pues deben esforzarse para conseguir lo que desean.
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viernes, 13 de mayo de 2011

HE PERDIDO EL INTERÉS SEXUAL EN MI PAREJA

Tengo varios años de casado y no sé qué sucede, pero he perdido todo el interés en tener relaciones sexuales con mi mujer. ¿Qué puedo hacer para reactivar nuestra vida sexual?

La sexualidad puede ser muy variada, pero como en todo, puede llegar a la monotonía. Esto sucede dependiendo de la capacidad de la pareja para experimentar hábitos novedosos, y cuando las alternativas de dicha variabilidad se agotan, inicia cierta sensación de angustia la cual hace que nos cuestionemos: ¿Qué sucede? ¿Porqué pierdo el interés? ¿Ya no soy capaz de excitarme? ¿Qué puedo hacer para reactivar mi vida sexual con mi pareja?, etcétera.
Al inicio de las relaciones de pareja, el interés y la pasión sexual gobierna sobre muchos otros aspectos, por lo que es sencillo dejarse llevar sin pensar y la gratificación es indescriptiblemente placentera. A tal grado, que es casi imposible tener quejas de la pareja amada. Sin embargo, pasado el tiempo las prioridades van cambiando, aparecen nuevos proyectos de vida: los hijos, el trabajo y la necesidad de intimidad personal (que generan más novedades).
La llamada simbiosis de la pareja, que es un compromiso no hablado entre dos personas, demanda en cierto grado, tiempo y espacio de nuestra propia persona, y no es infrecuente que moleste. Por tal motivo, la idealización de la pareja empieza a tener un declive que en ciertos casos, la sexualidad va implícita. Este concepto es importante tomarlo en cuenta para aprender a sobrellevar la relación de pareja y ese complejo concepto llamado “amor”.
Sexualmente hablando, este es un buen momento para iniciar a ponerle creatividad a las relaciones. Los encuentros eróticos en un mismo lugar (frecuentemente la habitación, la sala de televisión o el baño) pueden ser un factor importante para empezar con ese fastidio, por lo que, cambiar de escenarios es una alternativa muy óptima para ponerle un poco de sabor al acto sexual.
Pero si esto no es suficiente, una perfecta opción es iniciar con la comunicación. Es básica y necesaria, si sientes que las relaciones sexuales no son igual que antes, puedes decírselo a tu pareja, contarle qué es lo que te hace falta, qué inquietudes tienes, o que te esta molestando. Hablándolo es más probable que tu pareja se entere sobre lo que esta sucediendo en su interacción como pareja. También puedes comunicar si tienes la fantasía de una nueva posición, o dos, o tres. Finalmente es una persona que te conoce mucho mejor que la mayoría de tus conocidos, familia o amigos. Cuando esto suceda, es tiempo de actuar. Experimentar nuevas sensaciones corporales y posiciones sexuales es un arma secreta muy poderosa que, además de ayudarte a auto conocerte, aumenta las capacidades sexuales de ambos integrantes de la pareja.
Ahora, tenemos la ventaja de vivir en una época donde la sexualidad es más abierta, y existe un número asombroso de accesorios al alcance de la mano. Desde aromas hasta lencería, desde juguetes sexuales hasta la pornografía, y más.
Puedes encontrar lubricantes y aceites para masaje de sabores, líquidos o en gel, con feromonas o naturales para jugar con tu pareja en el momento que lo desees. Los juguetes sexuales no tienen fin. Vibradores de distintos diseños y tamaños, dildos texturizados, balas vibradoras, anillos peneanos estimuladores especiales para la pareja, fundas para el pene que aumentan sensibilidad, bromas, juegos de mesa sexuales, estimuladores del punto G, estimuladores prostáticos, videos porno, bolitas anales, etcétera, etcétera, etcétera.
Como vez, la vida sexual no tiene límites y es responsabilidad de cada quién el nivel de represión experimentada. Viviendo el placer sexual propio, es mucho más fácil brindarlo a la pareja. Si consigues tu propio placer, sin duda, puedes compartirlo con tu pareja.
Explora a tu pareja, siempre hay zonas que puedes descubrir y estimular, recuerda que el órgano más grande del cuerpo es la piel. Vive tu sexualidad de manera correcta y responsable.
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lunes, 25 de abril de 2005

FETICHISMO

Los zapatos, las botas, los pañales, los guantes, las pieles, el hule, las prendas infantiles, la ropa íntima, las medias, los calcetines, los vestidos, los trajes, las corbatas, las batas médicas, los uniformes, los senos, los pies, las axilas, el cabello, el vello corporal, entre otros, son objetos comúnmente usados como estimulantes eróticos para las personas que llamamos fetichistas.

Dichos objetos despiertan en la persona sentimientos que aunque parezca increíble son de amor. El fetichista siente una atracción erótica por determinada cosa, se enamora de ella, colecciona, guarda, esconde y llega a una sensación de tener el control en su “relación”. Es por eso que el fetichismo lo podemos definir en parte como un trastorno del amor y la sexualidad, ya que uno de los elementos, es inanimado.

Le llamo relación porque el fetichismo no es un episodio temporal, es una orientación, un gusto y una inclinación sexual que trae la persona consigo en el transcurso de su vida. Se puede decir que en lugar de relacionarnos con otras personas, nos relacionamos en cierta medida con otros objetos que casi siempre nos recuerdan lo femenino o lo masculino.

El fetichista colecciona tales utensilios y los utiliza como estímulos sexuales, satisfaciéndose con ellos o a propósito de ellos.

Se masturba ante su fetiche, que sustituye a la pareja amorosa.

La manía coleccionista del fetichista puede llevarle a constituirse todo un “harén”

Hay algunas explicaciones: El primer médico que se preocupó por esta manera diversa de ver al amor fue el psiquiatra alemán Krafft-Ebing en 1882, o sea que el tema no es tan novedoso, y aun sin embargo, conocemos poco.

En la corriente psicoanalítica el fetichista aparecía como un psicópata que coleccionaba objetos de uso femenino para satisfacerse de ellos.

Desde aquel entonces el fetichismo es considerado una perversión. El perverso recuerda en muchas cosas al hombre neurótico: de ahí que Freud llamara a la perversión la contrapartida de la neurosis. Los fetichistas llevan rasgos de personalidad neurótica.

Todo hombre tiene, efectivamente, gustos peculiares, en la medida en que hay ciertas características que le gustan en su compañera y que constituyen para él un estímulo erótico específico. Por ejemplo, los hombres que les gustan solo las mujeres de pechos grandes.

La preferencia por una persona se extiende entonces a alguna parte de su cuerpo, o a sus vestidos, sus objetos, su peinado, etc; a veces el amante puede llegar a conservar un utensilio inofensivo de esta índole con una especia de devoción religiosa.

En el Fausto de Goethe se pronuncian con reverencia y reconocimiento lo siguiente: “Consígueme un chal que haya rodeado su pecho, una liga de la que es delicia de mi amor”.

Es característico del normal, sin embargo, que sólo se reverencia al fetiche en orden a la propia persona amada. Para él no es más que un signo que le recuerda a aquella a quien ama en realidad. No hay “formación sustitutiva”, que elimine en mayor o menor medida a la otra persona.

El fetichista patológico, en cambio, reacciona en forma enteramente distinta.

El fetichista patológico absolutiza el objeto muerto y hace de él el objeto de la actividad sexual sana, que en el fetichista se reduce a una utilización mezquina de artículos de uso cuasi sexual.

En este sentido nos encontramos en frente de una enfermedad sexual, que posee una estructura íntima más compleja. Para comprenderla necesitamos un análisis más detallado y profundo, como por ejemplo siguiendo al psicoanálisis de Freud, la teoría asociacionalista donde sospecharon que el instinto sexual adquiere, a través de una experiencia patógena de la juventud, esa extraña “formación” que puede hacer que su capacidad erótica se fije al fetiche.

Esta concepción se encuentra incluso en muchos otros autores contemporáneos, como por ejemplo en J.H. Schultz, que cuenta de un fetichista, para quien el tubo de escape de los camiones de carga se convirtió en un medio de excitación sexual.

Este fetiche, evidentemente raro y torcido ante el común de la gente, estaría en relación con una abuela que “dejaba escapar sus gases” ante el nieto sin la menor reserva: esta experiencia sexual infantil tan impresionante habría constituido el fundamento del peculiarísimo “fetiche” que puso al paciente en conflicto con la ley penal desde el momento en que puso en práctica públicamente su anomalía sexual.

De lo anterior resulta claro que el fetichista no se siente atraído por la persona física como tal, sino únicamente por una parte suya o incluso por una prenda de vestir representativa de aquella.

Se ha llamado acertadamente la atención sobre el hecho de que a toda “atracción parcial” corresponde paralelamente una “repulsión parcial”: Freud observa, entre otras cosas, que la tendencia a la unión sexual en el fetichista se encuentra aminorada y que los genitales femeninos desempeñan un papel asombrosamente pequeño en su pensamiento y en su sensibilidad.

En oposición a la explicación freudiana, no nos sentimos inclinados a ver el sentido de esta transposición del interés en las angustias de castración infantiles y en la búsqueda de un pene femenino. Las hipótesis de este tipo se acoplan bien con un sistema artificioso como es el de la teoría de la libido, cuya validez nadie aceptará sin discriminación.

El comportamiento fetichista, como la sintomatología neurótica, tiene como misión proteger el sentimiento de la propia estima contra el desplome que amenaza.

Tiene que mantenerse fuera de la zona de peligro, que en este caso es el gran problema vital del amor y el afecto compartidos.

El fetichismo es un mecanismo de seguridad de que se sirve la personalidad neurótica.

Reduce la “realidad amorosa” a un delgado sector de vivencias que imita la relación como un Tú, pero que sólo de lejos recuerda a una comunidad de personas.

Adler hablaría aquí de una ficción, de un juego de engaños y autoengaños, que al fetichista, preso de sus sentimientos de inferioridad, le parece vitalmente necesario.

El fetichista tiene tal angustia ante la mujer o el hombre y el amor, que huye a refugiarse en sus “objetos excitantes”.

Sus angustias no se refieren tanto a los genitales femeninos como a la mujer en lo absoluto, en caso de un varón heterosexual, a la relación con un compañero del otro sexo.

Esta angustia fundamental vuelve una y otra vez en todas las historias clínicas de fetichistas y habría que cerrar los ojos ante la realidad para dejar de ver lo angustioso de las vivencias de estos pacientes.

A través del zapato, la piel, el corsé o el sostén el fetichista intenta acercarse a la tan temida feminidad, para disfrutar al menos de un reflejo de aquel eros del que él, como todo hombre, tiene nostalgia.

Pero su nostalgia, frenada por la angustia, se queda a medio camino de la pareja amorosa.

El fetichista procede de una niñez y juventud en las que su capacidad de amor no se pudo desarrollar sino malamente.

Como todas las personalidades neuróticas siente angustia ante los contactos íntimos con otras personas.

El despertar de su instinto sexual le impone la tarea de buscar un modo de satisfacer su sexualidad y sus exigencias de amor.

Se ve desgarrado en todas direcciones por sus deseos eróticos y sus tendencias a buscar seguridad, que corren en direcciones diametralmente opuestas.

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